Cardiólogos y oftalmólogos: el viejo combate de rudos y técnicos en la ciudad

La banda de Guadalajara se retuerce con las palabras pronunciadas por el Secretario de Movilidad de Jalisco Mauricio Gudiño. Al ser consultado por las dudas que generan sus capacidades técnicas para ejercer el puesto, éste señaló:

“Digamos, si nosotros viéramos desde el tema médico, y usted tuviera un problema en el corazón y fuera con un oftalmólogo, pues el oftalmólogo no va a ser tan bueno en los temas del corazón como un cardiólogo, pero es médico.”

Más allá del bello cantinfleo, habrá que decir que el señor Secretario tiene razón en parte: en caso de emergencia –digamos un infarto fulminante en mitad de la calle- es preferible que quien camina al lado de uno sea un oftalmólogo que un arquitecto o un contador público, que los conocimientos del primero –aunque no los más apropiados- con toda seguridad serán más útiles que los de los otros profesionales. Lo mismo puede decirse de un veterinario respecto a un mecánico automotriz, que el cuerpo de un caballo es más parecido al de un hombre que el de un automóvil. Toda esta profunda línea de pensamiento será válida en caso de emergencia o escasez.

Sin embargo, si estas dos condiciones no se presentan, es decir, si hay tiempo (digamos ocho meses de transición) y cardiólogos de donde elegir, entonces no tiene mayor sentido escoger un oftalmólogo para tratar una dolencia al corazón, por muy bueno que sea el profesional.

El problema es que a veces las metáforas nos fallan, y resulta que la ciudad es un poco más compleja que la realidad que el cuento de los doctores pretende presentar. Al que crea que la movilidad urbana es un problema eminentemente técnico, le recomiendo que se vaya a dar una vuelta a una asamblea con transportistas o vecinos disconformes con un trazado vial para que descubra lo profundo de su error de apreciación. Personas de alto nivel técnico –digamos el cardiólogo- frecuentemente naufragan estrepitosamente cuando tienen que enfrentarse con el mundo real del transporte, basado en una serie de componendas históricas, en acuerdos entre grupos de poder antagónicos, en delicados equilibrios sociales y económicos donde a todos los actores hay que darle algo para que el sistema funcione cada mañana. Estos profesionales colapsan cuando ven que se debe trabajar con presupuestos escuálidos, con personal escaso y mal preparado que no cuenta con el más mínimo incentivo para hacer mejor su labor, y con contrapartes que no andan para disquisiciones teóricas. Romper este círculo es fácil y rápido desde la comodidad de un escritorio (o de un blog), pero espantosamente complejo -y hasta peligroso- en la calle. En la vieja disputa entre rudos y técnicos en la ciudad, usualmente ambos contendientes demuestran estar profundamente equivocados: el que cree que la movilidad y el desarrollo urbano son asuntos que se pueden tratar a punta de manejo político, y el que jura que son mundos reservados a los especialistas en cálculos de demanda, a los que se les ponen los ojitos blancos con una encuesta origen destino, o a los iluminados que piensan que la solución universal para todos los problemas de la ciudad es un carril confinado para buses y bicicletas. En lo urbano pocas cosas son blancas o negras; más bien predominan los grises.

Volviendo a Gudiño y sus metáforas médicas. Lo más probable es que el paciente no necesite ni de un cardiólogo ni de un oftalmólogo, sino más bien de un buen director de hospital que entienda claramente que los problemas que enfrenta son múltiples y variados, y que para ellos necesita distintos tipos de tratamientos y especialistas. Algunos de estos tendrán una orientación marcadamente técnica, otros serán más políticos. Las buenas ciudades generalmente nacen de la fluida interacción entre ambos. ¿Es Gudiño el director de hospital que necesita Jalisco? No tengo la menor idea. Sí sé que estos raramente salen de aquellos que llegan al cargo por su disciplinada militancia o por la amistad cultivada con el líder poderoso. El tiempo dirá si el oftalmólogo se la pudo.

Imagen: Ciudad para Todos

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1 Comentario en Cardiólogos y oftalmólogos: el viejo combate de rudos y técnicos en la ciudad

  1. Excelente Rodrigo!
    Coincido en que lo que nos falta para las ciudades es un buen director de hospital, en mi artículo menciono la necesidad de especialistas, pero claro que también hacen falta los buenos políticos que nos ayuden a navegar por donde algunos no conocemos, ese será el verdadero reto que tiene el secretario.
    Creo que, como bien dices, el problema urbano es mucho más que la movilidad y el director de hospital debería de ser el gobernador, buscando que sus especialistas y directores de área puedan trabajar en equipo para salvar al paciente.
    Veamos que pasa.
    Abrazo

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