Boston en la memoria

Boston se hizo para correrla. Son miles los que cada día se vuelcan a sus calles, a sus parques, y sobre todo a los bordes de su río de lentas aguas para disfrutar la experiencia de sentir el sonido de las zancadas sobre las aceras de ladrillo o los senderos de grava que rodean el Charles. No importa el fuerte viento, el pavimento cubierto de hielo, o esos horribles días húmedos que a veces regala el verano: la más caminable de todas las ciudades norteamericanas es un verdadero estadio al aire libre, donde cada calle, cada cruce, están pensados para ser vividos y disfrutados pie. Correr por deporte o diversión es tan bostoniano como los Red Sox y el añoso Fenway Park, los Dunkin’ Donuts, o los atestados bares donde siempre hay tiempo para conversar una Harpoon con los amigos.

Los corredores atraen corredores, y ante un influjo así es difícil permanecer impasible. De ser un sedentario pasé a correr 10 kilómetros en cosa de meses. La experiencia no sólo contribuyó a mi salud física y mental; también me permitió descubrir lados insospechados de una ciudad que quizás no se aprecian en toda su magnitud a otra velocidad. Admirar el contraste entre el pasto amarillo, el cielo de un azul violento y el naranja de los ladrillos de Harvard en una fría mañana de trote otoñal es una experiencia que hasta el día de hoy guardo en la retina, y que me hizo jurar que jamás recurriría al  insípido ejercicio de la trotadora para ponerme en forma. Cruzar el puente de Harvard con el viento pegando en la cara y ver la imagen de la Baker House de fondo hace que uno entienda las motivaciones de Aalto para multiplicar su fachada con esos quiebres que reinterpretaron la manera de apreciar el río. Experiencia democrática como pocas, las calles y senderos de Boston dan cabida al atleta profesional (que se entrena allí, y no en el gimnasio) y al que sólo aspira ir al lento ritmo de las aguas silenciosas y sin prisa del Charles.

Habrá que recurrir a la frase de cajón y decir que la maratón de Boston es mucho más que una carrera: es una verdadera celebración de cariño por una ciudad y sus tradiciones. Son miles los que ese día se vuelcan a las calles a animar a los atletas, pero también a celebrar el fin de los días fríos. Aunque se dice que la primavera comienza oficialmente con el inicio de la temporada de béisbol, es la maratón la que realmente empuja a sus habitantes a salir de la hibernación y tomar por asalto los parques, calles y plazas, a desempolvar un disco frisbee,  a hacer un picnic al lado del río, a mirar las vitrinas de Newbury Street, a patinar en el Boston Common, o ir a ver los artistas de Quincy Market un domingo por la mañana.

Es una ciudad que quiero demasiado, a la que le debo demasiado como para verla tan triste. No me gustaría saber que la próxima edición de la maratón se realizará rodeada de efectivos de seguridad, plagada de detectores de metales, cámaras de vigilancia, puntos de revisión, y agentes de la CIA camuflados de corredores. Durante años me maravillé por el hecho que los 251 metros del enorme pasillo del edificio central de MIT –el gris infinite corridor– estuviera abierto 24 horas al día, 365 días del año, y que ni un dispositivo de seguridad impidiera la experiencia de cruzarlo a quien quisiera hacerlo. Universidad abierta en una ciudad abierta con gente abierta, sólo espero que el infame bombazo de hoy día no haga que Boston deje de ser la ciudad amable, silenciosa y de ritmo pausado que siempre ha sido. Esa sí que sería una pérdida irreparable.

4 Comentarios en Boston en la memoria

  1. Patricio Díaz Bertholet // 16 abril 2013 en 9:33 am // Responder

    Preciosa ciudad, muchos recuerdos gratos y con ganas de volver algún día.

  2. Nunca te vi trotando en Boston, te la pasabas escribiendo panfletos y promoviendo el club de futbol-cine. La cresta!

    • Rodrigo Díaz // 16 abril 2013 en 10:59 pm // Responder

      El problema de los comentarios de los amigos es que siempre hay que aprobarlos, aunque estos contengan una sarta de falacias. Este es el caso. No reniego de los panfletos ni de los ciclos de cine futbolístico, pero si digo que alguna vez corrí es porque sí lo hice. Que los fines de semana usted no se despertara temprano para verme es otro cuento.

      Abrazo

  3. María Cristina González // 17 abril 2013 en 10:27 am // Responder

    Rodrigo me encantó tu comentario de Boston. Me dieron muchas ganas de volver a caminar por ahi.Esperemos que las cosas no cambien

    Cristi

Deja tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: