El estacionamiento es para el pueblo

IMG_0621

El tráfico por las calles del centro histórico de Oaxaca puede ser pesado a veces. Bastante pesado en zonas como el Mercado. Parte del problema se debe a la extendida costumbre local de estacionar en segunda fila, de manera paralela a la franja establecida de estacionamiento, de manera que sólo queda un carril de circulación, muchas veces ocupado por automovilistas que se desplazan a baja velocidad buscando precisamente un lugar donde dejar su coche.

Le comento a mi interlocutor local que el problema se soluciona fácilmente con la instalación de parquímetros, método más que eficiente a la hora de regular un bien escaso como es el estacionamiento, ya que facilita la rotación en el uso de los cajones disponibles. Me queda mirando con cara de fastidio y me dice que la ciudad contaba con parquímetros hasta hace algunos años, pero que los inquietos muchachos de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) tuvieron a bien sacarlos de cuajo como un manera de devolver al pueblo su legítimo derecho a estacionar sin tener que pagar. Averiguo un poco más y veo que en octubre del año pasado el cabildo rechazó por 10 votos contra 6 la reinstalación de 30 unidades en seis calles estratégicas. Al momento de justificar su decisión, los opositores arguyeron la escasa transparencia con que se había desarrollado el proceso, particularmente en lo relacionado con el espinudo tema del otorgamiento de la concesión y el uso de los fondos recaudados (jamás pondría las manos al fuego en este tema).

¿Quién ganó con todo esto?

No creo que lo que se viene a denominar “el pueblo”, que mayoritariamente se desplaza en transporte público, a pie o en bicicleta. De acuerdo a los datos de INEGI, tan sólo el 40 por ciento de las viviendas habitadas del municipio de Oaxaca cuenta con un automóvil; esta cifra baja a un 22 por ciento si se considera el total del estado. El pueblo no estaciona coches, pero sí sufre la congestión que producen aquellos aparcados en el segundo carril.

Es claro que tampoco ganó el municipio, que perdió una fuente de recursos, no muy cuantiosa pero sí estable, con la que se podría financiar más de alguna obra urbana.

¿Ganaron los automovilistas? Es más que debatible. En el centro histórico hoy es casi imposible encontrar un lugar donde estacionar en la calle, y la congestión creciente pega a todos por igual.

Pierden también los peatones, particularmente aquellos que tienen dificultades para desplazarse, que comúnmente ven obstruidas rampas y esquinas por automóviles dejados por conductores que creen que sus necesidades de estacionamiento son más importantes que el derecho de los demás a desplazarse.

La experiencia mundial dice que tampoco han ganado los comerciantes, donde se encuentran muchos de los grandes opositores a la iniciativa. A ellos les conviene que existan cajones disponibles en la calle para el uso de sus clientes, algo hoy inexistente.

¿Quién ha salido ganando? Claramente los que acostumbran a dejar estacionado un automóvil todo el día, que son usualmente los que trabajan en la zona (¿qué le conviene más al dueño del restaurant: tener estacionamiento para sus clientes o para él y sus empleados?). Los otros grandes ganadores son claramente los dueños de estacionamientos públicos, siempre abarrotados, cuya tarifa es tres o más veces superior a la de los antiguos parquímetros.

¿Por qué tanto rechazo a un sistema que es de uso común en el mundo entero, y cuyos buenos resultados están más que probados? Más allá de los probables dudosos manejos de los dineros generados, creo que el problema de fondo de los parquímetros es que usualmente son presentados como un sistema para generar recursos, y no como una herramienta efectiva para regular un bien escaso como es el estacionamiento en la calle (que bien gestionada también puede generar recursos). Así también los ven comúnmente las autoridades municipales, más preocupadas de ver cuánto pueden obtener del sistema  que de los aspectos relacionados con la gestión de la demanda del espacio vehicular.

En cierto modo es entendible la oposición al establecimiento de un cobro por el uso de algo que siempre se ha ofrecido gratis, y que se construye con los impuestos de todos (los que pagan). Deja de ser entendible cuando ese cobro se traduce en mejoras evidentes en la ciudad, que son disfrutadas por la mayoría de sus habitantes, y no de sólo algunos que defienden dudosos privilegios amparándose en los supuestos intereses del pueblo, ya muy castigado por los miles de voceros que hablan en su nombre.

Cuento corto pero conocido: pocos ganan, muchos pierden, fiel reflejo de la gran mayoría de las políticas urbanas en México, no sólo las de estacionamiento. Lo de Oaxaca es sólo un ejemplo.

Palabras al cierre

Si quiere saber más sobre el tema, le recomiendo leer cualquier cosa escrita por Donald Shoup, sensei del estacionamiento a nivel mundial. Si quiere algo más local, puede echarle un vistazo al Manual de Implementación de Sistemas de Parquímetros para Ciudades Mexicanas, escrito por su servidor y publicado el año pasado por los amigos de ITDP.

1 Comentario en El estacionamiento es para el pueblo

  1. Reblogueó esto en salvolomasy comentado:
    El populismo y la ignorancia perjudican a los sectores economicamente mas debiles, al rechazar acciones que podrian disminuir los congestionamientos y disminuir los tiempos de trayecto en transporte publico, simultaneamente generando recursos para la mejora del espacio publico en beneficio de los peatones. Lamentable condicion prevaleciente en la mayoria de las ciudades mexicanas.

Deja tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: