Usted no sabe cómo maneja el huevón de al lado

“Usted no sabe cómo maneja el huevón de al lado”[1]. Todas las ríspidas clases de conducción dictadas por mi padre –de las que hablé hace algún tiempo– terminaban con este consejo. Pato Díaz, hombre sabio a fin de cuentas, tenía claro que la propia pericia automovilística no es atributo suficiente para llegar sano y salvo a la casa. El cementerio está lleno de gente que no se dio cuenta, que pensó que, que creyó que.

“Usted no sabe cómo maneja el huevón de al lado”. No basta ser Schumacher; el más avezado de los conductores también está en riesgo porque no sabe si el del auto de al lado está borracho, si se está cayendo de sueño, si está entretenido con el whatsapp, si ve bien de noche, o lo asaltan instintos suicidas. En la ciudad de México sí puede estar seguro que el de al lado no tuvo que rendir el más mínimo examen para obtener su licencia. Con pagar basta para aumentar la incertidumbre.

“Usted nunca va a saber cómo maneja el huevón del lado”, por eso mi padre nos enseñó a manejar a la defensiva –que no nos hace menos valientes, sino más responsables-, a respetar el acelerador, a entender que la conducción en la ciudad debe regirse por la regla primordial que todos deben llegar enteros a su lugar de destino.

Suena sencillo, pero nuestras escasas políticas de educación vial frecuentemente lo olvidan. Acostumbran a poner el énfasis en el eslabón débil de la cadena –el peatón, el ciclista- olvidando que quien carga el arma mortal es el quien conduce el vehículo motorizado. “Usted no tiene la más remota idea de cómo maneja el huevón de al lado”. La única manera de protegernos de los distraídos, de los borrachos, de los conductores con malos reflejos es minimizando el potencial del arma mortal, y esto en gran medida se logra reduciendo la velocidad.

30 kilómetros por hora. Esa es la velocidad máxima que el Parlamento Europeo fijó en 2011  para todas las calles locales (las que tienen nombres de pájaros, árboles o elementos químicos) de sus países miembros. La idea es que para el año 2020 se hayan reducido a la mitad las 31 mil víctimas fatales que cada año cobran los accidentes automovilísticos por esos lados (que, dicho sea de paso, ya exhiben los mejores índices de seguridad vial en el mundo entero).

El razonamiento es sencillo: si un vehículo atropella a un peatón o ciclista a 30 kilómetros por hora (velocidad del auto, no del transeúnte), la probabilidad de que este último fallezca a causa del impacto es de sólo un 5 por ciento. Si la velocidad aumenta a 50 kilómetros por hora, el riesgo de muerte aumenta dramáticamente a un 50 por ciento (el otro 50 por ciento sobrevive para contarla, pero con una alta probabilidad de sufrir secuelas de carácter permanente). A 80 kilómetros por hora, la chance que el peatón o ciclista pueda contar la historia a sus nietos es de prácticamente cero. En estas circunstancias es altamente probable que el conductor también termine el viaje en un cementerio. Lo mismo corre para accidentes entre automóviles: la velocidad moderada siempre será más efectiva que todos los air bags, cinturones de seguridad o frenos ABS.

“Usted jamás va a tener la menor idea de cómo maneja el huevón de al lado”. Por eso es más que recomendable ver y compartir el video que acompaña esta nota, hecho en Nueva Zelanda y que ya está dando la vuelta al mundo. Cruda, brutal, descarnada, colectiviza las responsabilidades individuales en el ámbito de la seguridad vial. En la calle no basta con cuidar la vida propia: también soy responsable por la de los demás, incluidos aquéllos que ponen en peligro la mía. Incluidos los distraídos, los borrachos, los que manejan mal. Sacar el pie del acelerador es el primer paso.

Palabras al cierre

Averigüe a cuánto asciende el presupuesto asignado a seguridad vial en el lugar donde vive. Compárelo con los fondos asignados a la construcción de infraestructura orientada a aumentar velocidades en la ciudad. Indígnese después.


[1] La traducción al mexicano sería “usted no sabe cómo conduce el wey de al lado”. Para ser fiel al relato y el personaje se conservó el dialecto chileno. Suena mejor, además.

3 Comentarios en Usted no sabe cómo maneja el huevón de al lado

  1. Es lo que siempre le digo a mis hijos y a mi marido. No hay que confiarse en el auto. Nadie sabe como maneja el huevon de al lado.

  2. Inconcebible que los gobiernos se vuleven corresponsables de la carniceria, cuando no demanden de las automotrices la instalacion de limitadores de velocidad que impidan a los automovilistas la violacion de los reglamentos transitando a velocidades superiores al limite legal. De hecho, esa capacidad de desarrollar velocidades superiores a las permitidas deberia causar un impuesto punitivo por el potencial de riesgo en la seguridad de peatones, ciclistas, ocupantes y otros automotores.

  3. jose carlos farfan nuñez // 10 enero 2015 en 10:21 am // Responder

    propongo cursos de educación vial para todos (TODOS), incluyendo a los niños para dar seguimiento a la educacióN y vial, y PROGRESAR TODOS, Y NO SER RETROGRADAS TODOS. YA ENTREGO PROYECTO AL D.F

Deja tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: