Lo que pasa en los 2.5 km. entre Harvard y MIT

Los campus de Harvard y MIT se encuentran separados por algo así como dos kilómetros y medio. Bastan treinta minutos de caminata, 10 en bicicleta o 5 en transporte público para ir de una universidad a otra. Eso significa que en el día a día sus alumnos, profesores y funcionarios se topan en los mismos restaurantes, pasean y corren en los mismos parques, compran en las mismas tiendas, van a los mismos festivales de cine o teatro.

La cercanía entre dos universidades más o menos prestigiosas no es tema menor: las distancias cortas facilitan el flujo informal de ideas, de conocimiento, de inquietudes. La mesa de un restaurant o la barra de un bar pueden ser tan catalizadores de innovación como un laboratorio o una conferencia. El alcohol relaja las lenguas y hace que las ideas resbalen por la barra, libres para ser capturadas por quien vea en ellas una oportunidad. En los dos kilómetros y medio debe haber por lo menos unos 20 bares. Cientos de proyectos nacieron al calor de una cerveza local compartida en el Miracle of Science, The Cellar, The Field, o el People’s Republik, bares que en la práctica son extensiones de las salas de clases. De hecho, al interior del campus de MIT funcionan dos bares, el Thirsty Ear y el Muddy Charles. Cualquier parroquiano mayor de 21 años puede recalar ahí, no importando si pertenece o no a la comunidad universitaria (hay que ser honestos y decir que muy entretenidos no son).

Las universidades ponen lo suyo para aumentar las sinergias producidas por la densidad de talento reunida en pocas cuadras. Matricularse en una de ellas da derecho inmediato a tomar todos los cursos que uno quiera en la otra, a ocupar sus bibliotecas e instalaciones. En otras palabras, a hacer uso y ser parte de toda la capacidad de generación de conocimiento que la otra institución posee y puede generar, algo especialmente valioso si se considera el distinto perfil de los estudiantes de ambas universidades. Sin embargo, esta apertura también es extensiva al resto de la comunidad, que puede gozar de gran parte de las actividades que ambas instituciones realizan sin necesidad de estar en sus registros académicos ni de pagar un centavo. Lo mismo sucede con gran parte de sus instalaciones, incluidas las bibliotecas, abiertas a todo el que quiera visitarlas. La libre circulación del conocimiento tiene su correlato físico: los 251 metros del infinite corridor (pasillo infinito) del edificio principal de MIT están abiertos las 24 horas de los 365 días del año para todo aquél que quiera cruzarlos, sin necesidad de registro ni identificación. Los jardines de Harvard andan por las mismas.

¿Cuánto de la grandeza de Harvard no se debe a su cercanía con MIT? ¿Cuántas de las innovaciones nacidas en MIT no se deben al estrecho contacto físico con Harvard? ¿Cuánto le debe la humanidad al hecho que dos de sus más prestigiosos centros de conocimiento se encuentren a treinta minutos caminando, y que entre ambos exista un montón de bares donde las ideas fluyen de manera casual?

Todo indica que el prestigio académico de una universidad es inversamente proporcional a las barreras que implementa para acceder a sus instalaciones. Me invitan a dar una clase a una universidad local que se cree prestigiosa. Allí tengo que dar una vuelta eterna para llegar al acceso destinado a los visitantes y proveedores. En ese lugar me espera un torniquete y un guardia con cara de pocos amigos. Tengo que exponer los motivos de mi visita, explicitar mi lugar de destino, dejar una identificación, y registrar mi computador (cómo les gusta la palabra gafete en México). El trato que me dan es más propio de un sospechoso que el de un invitado que ni siquiera cobra un peso por la gracia. En la biblioteca de otra universidad que también se cree importante veo que un guardia impunemente le registra el bolso a una distinguida profesora, no vaya a ser que esté robando los libros que pocos de sus alumnos leen. Es más importante cuidar los computadores que el conocimiento vertido en ellos.

Se creen importantes, se creen prestigiosas, pero ni una de ellas está entre las 500 mejores universidades del mundo. Nunca lo estarán si siguen con políticas de aislamiento de las otras instituciones académicas y de la sociedad que las acoge. Si siguen parapetándose detrás de rejas, de torniquetes, construyendo Olimpos tercermundistas a los que sólo se puede acceder en automóvil. Fuera de ellos no hay ni un lugar donde compartir ideas, donde dispersar conocimiento con otras instituciones.

No olvidar: insertarse dentro de los tejidos urbanos y dejar que estos penetren los campus universitarios es antes que nada un acto de preservación de la academia.

Palabras al cierre

Nunca tomé tanta cerveza. Nunca aprendí tanto.

5 Comentarios en Lo que pasa en los 2.5 km. entre Harvard y MIT

  1. En la Universidad donde estudió el Autor, yo iba a mendigar libros con un papelito porque en mi Escuela de Arquitectura no se contaba con tamaña variedad. Nada sabían de mis viajes desde la Estación Central hasta Lo Contador, del provinciano que conocía la ciudad en la trayectoria. Es cierto, se aprende mucho caminando, cuanto nos hace falta a los Arquitectos.

  2. También me acordé de la USACH que (aunque sus autoridades se esfuerzan por cerrarla) es un lugar de paso, y aunque no hay una sinergia del calado del ejemplo de Pedestre, en esta misma clave podría leerse el esfuerzo del Circuito Cultural de Santiago. (En todo caso, la pregunta esta para investigación ahora ya, sobre todo para los genios que quieran replicar ese famoso ecosistema urbano).

  3. Hola, quiero decirte que desde hace poco conocí tu blog y me ha parecido excelente y bastante interesante, pues me ha permitido aprender mucho sobre el tema.
    Me encantaría que hablaras sobre las motos y la movilidad urbana, pues generalmente son consideradas como un santo grial de la movilidad pero me parece cuando menos cuestionable la idea.
    Tenemos el ejemplo de Vietnam, por ejemplo su capital Ho Chi Minh City, donde más del 90% de los desplazamientos urbanos son realizados en moto, y en realidad no es un paraíso vial; Inclusive se están planteando prohibir las motor en unos pocos años.
    Espero puedas y quieras tomar en cuenta mi petición.

    Saludos 🙂

    • Rodrigo Díaz // 29 enero 2014 en 1:35 pm // Responder

      Estimado Adrián,

      Muchas gracias por el comentario y la sugerencia. De todas maneras hay que hablar de motos, cuyo incremento todo el mundo comenta sin saber exactamente qué hacer al respecto. Reforzar la regulación parece ser el camino.

      Abrazo

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