Los irresponsables

Peatones burlan normas

Según datos de INEGI, de las aproximadamente 1,100 personas que cada año pierden la vida en mal llamados accidentes viales en el DF, el 52 por ciento son peatones, mientras los ciclistas aportan un 3 por ciento al trágico reparto. Particularmente alarmante es el alto porcentaje de muertes de estos últimos, toda vez que la bicicleta con suerte representa un modesto 1 por ciento del total de viajes que se realizan en la capital. Porcentajes más, porcentajes menos, estos números más o menos se repiten en el resto de las ciudades del país.

Las circunstancias que rodean estas muertes son distintas, pero de algo podemos estar seguros: prácticamente la totalidad de los peatones fallecidos se debe a un atropellamiento con un vehículo motorizado. Sólo muy de tarde en tarde la causa es un encuentro con un ciclista a toda velocidad, ocasión en extremo lamentable pero insignificante desde el punto de vista estadístico. Lo mismo sucede con los pedaleros: si bien es cierto uno que otro puede haber fallecido a causa de una caída fortuita, un golpe accidental, o el encuentro frontal con otro pedalero, lo cierto es que la mayoría de los que terminan sus días en el frío pavimento lo hacen después de toparse con un automóvil, microbús, camión o motocicleta.

Todo esto no quiere decir que los automovilistas sean responsables de todas estas muertes. Nada más lejano a la realidad. Muchas de ellas se debieron a la irresponsabilidad de peatones y ciclistas, de eso no cabe duda. El punto es que el costo de la irresponsabilidad fue pagado directamente por quien la cometió; los números y la experiencia nos dicen que ésta rara vez afectó seriamente la integridad física de quien iba detrás de un volante. Cruzar sin mirar en un área no habilitada para ello, andar distraído, o pedalear de manera temeraria son conductas que en caso de accidente pasan una factura que generalmente paga el cuerpo del irresponsable. A veces pueden ocasionarse daños a conductores inocentes, pero esto rara vez acarrea la muerte de estos. En buen castellano, el costo de las conductas irresponsables al caminar y pedalear generalmente lo paga directamente quien las comete.

No ocurre lo mismo con los automovilistas. A diferencia de los anteriores, sus conductas irresponsables sí pueden causar lesiones e incluso la muerte a terceros absolutamente inocentes. Manejar en estado de ebriedad, a alta velocidad, o sin respetar la señalización existente son conductas cuyas trágicas consecuencias frecuentemente pagan otros.

No es mi intención justificar conductas irresponsables de peatones y ciclistas, pero sí quiero dejar en claro que no tiene sentido empatar sus responsabilidades con las de los automovilistas, haciéndolas equivalentes. Nuestras políticas de seguridad vial están teñidas de una visión detrás del parabrisas (windshield perspecive le llaman los gringos) en la cual los problemas de tránsito y sus secuelas de sangre son generalmente atribuidos a los eslabones más débiles de la cadena, los tradicionales estorbos que impiden la rápida circulación del parque vehicular. La prensa frecuentemente se hace eco de esta visión, poniendo en el mismo nivel de la balanza al que se desplaza indefenso a 4 kilómetros por hora y al que maneja un vehículo de una tonelada a más de 100.

La seguridad vial es una asignatura obligatoria para todos los que conviven en el tráfico urbano, de eso no hay duda, pero los países con mejores índices no han enfocado sus esfuerzos en los eslabones débiles y lentos de la cadena, sino en los que tienen el potencial de producir el daño. Sí hay campañas de educación peatonal, sí hay cursos de conducta ciclista, pero sobre todo hay medidas concretas y legislaciones estrictas para hacer de la conducción una práctica más segura tanto para conductores como para quienes los rodean. Por eso se instauran zonas de velocidad reducida, por eso se establecen rigurosos procedimientos para la entrega de licencias de conducir, por eso se castiga con las penas del infierno al que conduce a alta velocidad, bajo la influencia del alcohol, o al que se pasa una luz roja. Así de simple. Lo demás es cuento, ganas de justificar conductas injustificables.

Palabras al cierre

De esto y más (o menos) estaré hablando el jueves 27 de febrero en Ciudad Peatón, evento organizado por el Laboratorio para la Ciudad del DF. Más información aquí.

3 Comentarios en Los irresponsables

  1. La redacción me parece mala.

    No entendí el punto central de texto, si pudieras aclarar la solución que propones. Gracias.

    • coincido un poco, es decir, no entendí el punto central del texto, aunque más que de redacción creo que es un problema de orden de ideas. bueno, eso creo. Al final uno como que se imagina cuál es el punto pero no muy entiende :S

  2. De acuerdo, simplemente me gustaría apuntar que hay en este drama otro actor y culpable. La culpa reacae no solamente en usuarios del espacio público, sino también en aquellos aquellos encargados de diseñar las políticas públicas e implementarlas físicamente en la ciudad. El espacio pùblico tiene el poder de alentar las altas velocidades en las calles y de orillar en ocasiones a peatones y ciclstas a cometer actos (irresponsables) suicidas. Es por eso que se debe de reconocer la culpa por omisión de todos aquellos encargados de equilibrar las reglas del juego; Arquitectos, Diseñadores, Urbanistas, Desarolladores, Autoridades y Tomadores de decisiones. La conversación debe dejar de girar exclusivamente al rededor de peatones, ciclistas y vehiculos motorizados, hay que reconocer el grado de culpa que tiene todo aquel que deja de hacer su trabajo, o lo hace mal. Nos vemos en #ciudadpeaton

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