Ecoasaltos

Ecoasalto

Metro, 14 de junio de 2013

¿Qué es lo que convierte a un vulgar asalto en un asalto ecológico? Básicamente la presencia de una bicicleta utilizada como medio de transporte por los (presuntos) delincuentes, en este caso seis, verdadera rodada del crimen. Tiene razón la portada: más allá del ocasional humo salido del cañón de la escopeta, un atraco cometido en bicicleta es un atraco cero emisiones, profundamente amigable con el medio ambiente. Ahora bien, es válido hacerse la pregunta sobre lo que pasa con aquellos asaltos realizados a pie. ¿Pueden ser catalogados como ecoasaltos? Quien escribe ha sido asaltado dos veces en su vida, ambas por (presuntos) delincuentes que ocupaban sus piernas para desplazarse y un cuchillo amigable con el medio ambiente para amedrentar a una víctima que no opuso la más mínima resistencia. En estricto rigor, ambos atracos fueron tan bajos en carbono como uno que emplea la bicicleta como medio de escape, pero dudo que alguien los califique como ecosaltos y destine toda una portada a ensalzar el firme e ineludible compromiso medioambiental de las nuevas generaciones del hampa. Valga la distinción: una ciudad donde los delincuentes se desplazan en bicicleta es una ciudad ecológica; una ciudad donde los criminales cometen sus fechorías a pie no es más que una pobre ciudad.

En la ciudad de México, donde se cometió el ecosalto en comento, la bicicleta con suerte alcanza el uno por ciento en la participación del reparto modal. Sin embargo, ya hay programas específicos destinados a su promoción, los recursos asignados a ella van en aumento, y lo que es más importante, ya se cuenta con algo parecido a un andamiaje institucional encargado de la elaboración de políticas públicas para fomentar su uso en la capital. ¿Es la Secretaría de Medio Ambiente la institución más idónea para ejercer este liderazgo? No lo tengo claro, pero sí refuerza la imagen de la bicicleta como herramienta verde, el vehículo en el que toda urbe comprometida con el futuro del planeta se desplaza. Bien por la bicicleta, nada que reprochar.

En la misma ciudad, cuatro de cada cinco viajes se realizan parcial o totalmente a pie, viajes tan ecológicos como los anteriormente descritos en dos ruedas. Sin embargo, cuando se pregunta quién está a cargo de las políticas públicas peatonales, los hombros tienden a encogerse. A diferencia de la bicicleta, la ciudad de México no cuenta con un plan estratégico peatonal. Las políticas orientadas a atender las necesidades de los millones que se desplazan a pie están en extremo fragmentadas; algunas recaen en la Secretaría de Desarrollo Urbano, otras en la Secretaría de Obras, otras en la Secretaría de Seguridad Pública, otras en la Secretaría de Transportes y Vialidad, otras en la Agencia de Gestión Urbana, y muchas otras en las 16 delegaciones. A pesar de que caminar es tanto o más verde que pedalear, la Secretaría de Medio Ambiente no juega ni un papel en este asunto. Con los escuálidos recursos la dispersión se repite. El problema no es sólo la falta de coordinación entre todas estas dependencias, sino que algunas de ellas (como Obras y Seguridad Pública) tienen una histórica y marcada orientación pro automóvil, que se traduce en una sistemática subordinación del espacio de caminata a los superiores requerimientos motorizados (ahí están los ejes viales, los segundos pisos, los puentes peatonales, las banquetas estrechas o inexistentes).

Nada en contra de la bicicleta: lo que ha ganado a lo largo de estos años ha ido en directo beneficio de la calidad de vida de nuestra ciudad. El problema no es ella, sino el pariente pobre de este cuento, el que no tiene instituciones que lo apadrinen ni planes ni programas que lo atiendan, el de los discursos conscientes y los recursos ausentes, el que es verde hasta la médula pero nadie incluye dentro de las políticas ambientales. El que en teoría está arriba de esa ilusión que es la pirámide de la movilidad, pero que en la práctica se debe contentar con las migajas del pastel.

No me canso de repetirlo: en esta ciudad urge una política peatonal, dotada de un plan estratégico con herramientas programáticas y recursos técnicos y financieros adecuados, y sobre todo, con una institucionalidad claramente definida, que estructure la actual nebulosa administrativa. Mientras el peatón no cuente con estos requerimientos básicos, esenciales, que afortunadamente ya ha ganado la bicicleta, las políticas de a pie en nuestra ciudad no pasarán de ser un atractivo PowerPoint. No contar con una política peatonal en serio es el verdadero ecoasalto.

1 Comentario en Ecoasaltos

  1. Desde que lo mencionaste en #CiudadPeatón lo amé. Ahora regresé principalmente para releer este post y robarte la famosa foto del ecoasalto (¿cómo llegas a estas portadas?). Sabes bien que coincido con que debemos tener una estrategia peatonal, pero veo que estamos en un punto políticamente complicado (lo sé, ¡cuando no!) pero sería más exitoso si esta propuesta se exige desde la ciudadanía y así lograr colocarse en la agenda política y no quedar huérfano en el mar de secretarías. Creo que -como el tema de la bici lo fue- el tema peatonal, o mejor, de los que caminamos nos iremos posicionando poco a poco en más agendas públicas, con la ayuda de las ONGs, grupos, y un más largo etcétera. Usté verá que llegará pronto el día que seamos tan popular como la bici, tanto como para destacar como medio de transporte y quizá, hasta para ser portada en el Metro.

    No desperdicio la oportunidad para volver a decirle: ¡qué buen cronista es! Un fuerte abrazo.

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