Sobre el descrédito de los parquímetros

Parquímetros en la Virreyes. Lo mismo de antes, pero con cobro

Parquímetros en la Virreyes. Lo mismo de antes, pero con cobro

Los parquímetros no nacen de la iniciativa de un urbanista, ni de un ingeniero, ni de una autoridad ávida de capturar nuevos recursos públicos, sino de la de los miembros de la Cámara de Comercio  de Oklahoma City, quienes  a mediados de la década del 30 del siglo pasado vieron que la falta de clientes en sus tiendas se debía en gran parte a las dificultades que estos encontraban para estacionar cerca de los locales. Espacio sí había en la calle, pero éste se encontraba permanentemente ocupado por los mismos empleados de los comercios, algo que siempre será un mal negocio. El establecer un cobro por el uso de los cajones de estacionamiento de acuerdo al tiempo de utilización ahuyentó a los acaparadores de pavimento, aumentando la rotación de los cajones existentes y con ello la disponibilidad de los mismos para los potenciales clientes. A su vez, esto ayudó a disminuir la congestión vehicular en el barrio, ocasionada en gran medida por conductores desplazándose a baja velocidad en busca de los tan esquivos cajones. Finalmente, y aunque no era lo buscado en un principio, las arcas fiscales encontraron en los parquímetros una fuente -no muy cuantiosa pero sí confiable- de recursos con los cuales financiar el mantenimiento y construcción de obras urbanas.

A lo largo de 80 años los parquímetros han demostrado ser una efectiva herramienta para administrar un bien escaso como es el estacionamiento en la calle, y de paso desincentivar el uso del automóvil, algo que, al menos en el discurso, hoy busca toda ciudad que guste de presentarse como sustentable. A pesar de esto, en la ciudad de México, la Meca de la congestión vehicular, el solo anuncio de su instalación pone en pie de guerra a gran parte de una ciudadanía que tolera sin mayores problemas cosas harto más escandalosas. ¿Qué explica esta reacción, por qué tanto rechazo a un sistema que es de uso común en cualquier ciudad que se toma en serio el problema de la congestión vehicular y sus nefastos derivados?

Gran parte de los reclamos ciudadanos hace mención a un supuesto derecho humano esencial al estacionamiento. “No autorizo a una empresa extranjera a cobrarme por estacionarme afuera de mi casa ni a los ricos hacerse más ricos a mi costa”, reza un panfleto pegado en un poste de Coyoacán. ¿Acaso al comprar una vivienda o instalar un local también se adquiere la propiedad de la primera franja de calle? En la práctica muchos creen que sí, y si un privado se puede adueñar de una banqueta, algo común en la ciudad, también puede apropiarse del cajón de estacionamiento adyacente utilizando una amplia gama de objetos –cubetas rellenas de concreto,  cajas, piedras, fierros, sillas, cadenas- demarcadores de un territorio de dudosa propiedad.

Por supuesto que esta no es la única razón. Si los parquímetros enfrentan un amplio rechazo se debe en gran medida a que gran parte de la ciudadanía los percibe más como un impuesto arbitrario que como una medida de administración y ordenamiento del espacio público. Las explicaciones que da la autoridad no ayudan a hacer la diferenciación. En el módulo de consulta instalado en el centro de Coyoacán se reparten unas postales publicitarias que hablan del parquímetro como una máquina milagrosa que resuelve por sí sola los problemas de congestión, contaminación, inseguridad y deterioro del espacio público. No se explica por qué va a ocurrir esto, ni tampoco qué se va a hacer los recursos recaudados, ni a cuánto estos ascenderán, tema más que sensible en sectores como Coyoacán, plagado de denuncias de corrupción de todo tipo.

La experiencia en otras colonias de la ciudad da algo de razón a los vecinos disconformes. Se supone que la llegada de los parquímetros se traduce en un mejoramiento del espacio público, pero esto todavía no se ve en muchas de las accidentadas banquetas de las colonias donde impera el reino de Ecoparq. Se supone que la llegada de los parquímetros significa el fin del estacionamiento informal, pero basta dar un breve recorrido por la Roma y la Condesa para ver que el segundo carril de muchas calles está tomado por servicios de valet parking que siguen actuando con total impunidad. En Polanco, donde el sistema funciona mejor, los choferes y guardaespaldas de ese estado paralelo de políticos, empresarios, gentlemen y ladies siguen estacionando sus gigantescas camionetas en los pasos de cebra, bloqueando las rampas o derechamente arriba de la banqueta (la policía come tacos en la esquina). Si se sanciona al que no paga, pero no al que estaciona en la más completa ilegalidad,  el sistema se desprestigia, cobrando fuerza la imagen de éste como un arbitrario sistema recaudador de impuestos sin beneficio evidente para la ciudadanía.

El problema no es el parquímetro, sino la debilidad con que se aplica esa cosa tenue, difusa, que es el estado de derecho en el espacio público en nuestra ciudad, y que es parte fundamental para el correcto funcionamiento del sistema. ¿Debe haber parquímetros en Coyoacán? Por supuesto que sí. También en la totalidad de la Condesa, de la Roma, en la del Valle, en la Nápoles, y en tantas otras colonias que viven los estragos que se originan cuando el estacionamiento es regulado por la ley del más fuerte. Una política de desincentivo del uso del automóvil parte por cobrar por los costos económicos, sociales y ambientales que éste ocasiona, muy superiores a los ocho pesos por hora. Pero esto debe hacerse de manera informada y transparente. La gente tiene derecho a saber por qué se instalan, a participar del monitoreo de su gestión, a conocer cuánto recauda el sistema y cómo se utilizan estos dineros. A su vez, su instalación debe complementarse con medidas que hagan más amigable el acto de bajarse del coche, como una mejora en las redes de transporte público (miserable en Coyoacán) y la provisión de infraestructura ciclista (el combo parquímetros – bicicleta pública ha demostrado ser bastante virtuoso).

Los parquímetros son una herramienta demasiado valiosa como para desperdiciarla con una implementación incompleta o una operación deficiente. Deben ser parte de una estrategia mayor de movilidad y de recuperación y revitalización del espacio público. Sólo así se podrá explotar al máximo todo su inmenso potencial.

*Publicado con anterioridad en Arquine

7 Comentarios en Sobre el descrédito de los parquímetros

  1. Pura obviedad escrita en un artículo extenso.

  2. Hola Rodrigo Díaz, leí atentamente tu artículo y me gustaría hacerte las siguientes preguntas: ¿tu quien te crees para decir que si debe haber parquimetros en coyoacán? ¿vives aquí? ¿sabes el tipo de problemas que enfrentamos? ¿sabes que la mayoría de edificios del primer cuadro no cuenta con estacionamiento y que muchos trabajamos todo el día en nuestro domicilio? ¿sabes que ecoparq cobra por dar un tarjetón renobable por vivienda cada seis meses¿ y ¿que además pone requisitos imposibles para poder otorgar el mismo? ¿sabes que el 70% de lo recaudado se lo queda ecoparq y que la inversión que la misma empresa hace para este programa es mínima?
    Creo que antes de hacer una investigación se deben tener en consideración todas las aristas, de otra manera tu artículo parece a todas luces incompleto, por no decir tendencioso, saludos.

    • Rodrigo Díaz // 23 abril 2014 en 8:49 am // Responder

      Estimado (a),
      Le respondo sus preguntas:
      1) Para su tranquilidad, vivo y trabajo en Coyoacán en zonas afectas a sistema de parquímetros, por lo que el problema lo conozco bastante de cerca. Ahora bien, y si éste no fuera el caso, ¿significa que sólo los residentes pueden opinar del tema? No creo que sea así, sobre todo teniendo en cuenta que la congestión vehicular y sus negativos efectos ambientales, económicos y sociales nos alcanzan a todos, vivamos o no en Coyoacán.
      2) No trabajo en ni una dependencia ni empresa relacionada con el sistema de parquímetros de Coyoacán. En este asunto no recibo ni un peso ni gratificación alguna. De hecho, no tengo problemas para decir que tengo la peor de las opiniones de la delegación de Coyoacán y su larga historia de corrupción e ineficiencia.
      3) No creo que tener un coche sea un derecho, menos que el Estado tenga que garantizar un espacio para estacionarlo. Si los cajones son un bien escaso, entonces me parece lógico que sea implementen medidas para administrar su uso.
      4) Supongamos que el edificio en que usted vive y/o trabaja contara con estacionamiento, ¿costaría lo mismo la renta o la hipoteca a pagar? Por supuesto que no: estacionar tiene un costo, y las carencias de los inmuebles no tienen por qué ser absorbidas de manera gratuita por el Estado, más aun si no se trata de un servicio básico. No olvide que sólo uno de cada cinco viajes en esta ciudad se realizan en coche particular, y que por la externalidades que esto genera no se paga absolutamente nada.
      5) Usted se queja de que el tarjetón para residentes se lo cobran. ¿Me puede dar una razón para que éste sea ofrecido de manera gratuita? ¿Acaso a usted le regalan servicios básicos como el agua, la luz o el gas? Si estos, que sí son esenciales, se los cobran, no entiendo el escándalo por el cargo por el uso de un espacio que no es imprescindible para la vida diaria.
      6) No pongo las manos al fuego por Ecoparq, y no descarto la presencia de negocios dudosos detrás de esto, pero habrá que decir que un 70% de costo de administración se encuentra en el rango de lo razonable en sistemas de este tipo (no olvide, el fin de los parquímetros no es recaudar dinero, sino administrar espacio escaso).
      7) Lamento que encuentre livianos mis argumentos. Si le interesa mayor profundidad, le sugiero que lea el Manual de Implementación de Sistemas de Parquímetros que escribí hace algún tiempo para ITDP y que puede ser bajado de manera gratuita aquí
      http://mexico.itdp.org/documentos/manual-de-implementacion-de-sistemas-de-parquimetros-para-ciudades-mexicanas/
      Si los argumentos aquí expresados tampoco lo (la) convencen, le sugiero echar un vistazo a The High Cost of Free Parking de Donald Shoup, donde encontrará todo lo que es posible saber sobre gestión del estacionamiento en la vía pública. Dicho sea de paso, si encuentra algún estudio que recomiende el estacionamiento gratuito en la vía pública, o que establezca que éste es un derecho, le agradeceré que me lo haga llegar.
      8) Finalmente, no creo que sea saludable la arrogancia del “tú quién te crees” que encabeza su comentario; mal que mal, si algo le ha faltado a este asunto es precisamente diálogo entre todos los involucrados. En este sentido, y si le interesa profundizar el debate, con todo gusto lo (la) invito a un café para intercambiar nuestros puntos de vista, como ya he hecho con más de algún opositor al sistema de parquímetros. Siempre nos despedimos con un apretón de manos. Sólo escriba al correo que aparece en la parte de Contacto y agendamos día y hora.

      Saludos

  3. Hey Rodrigo (permítame tutearlo),
    Agradezco el artículo, y sobre todo, lo que siempre agradeceré es el no limitarse en los argumentos, fuentes y diálogo con detractores; esto es un acto que siempre admiro, mucho más en quienes tienen amplísimos conocimientos de los temas y aún así -¿o acaso será precisamente por esto?- pacientemente agotan los cuestionamientos a veces necios, a veces intransigentes de opositores.

    En general estoy de acuerdo con la implementación del sistema de parquímetros, pero por supuesto siempre habrá puntos de oportunidad, en los detalles. Escribo a un par de horas de haber pagado la multa por retiro de un inmovilizador en la rueda de mi vehículo, por lo que seguramente mi comentario tendrá su sesgo.

    Las multas son altas, el sistema y los responsables de ejecutarlo son inflexibles. En mi caso si me excedí bastante (40 mín por una reunión) y reconozco que debí ser multado; pero revisando con los guardias del edificio (con presencia diaria en la calle) conocen casos que por 2 minutos de no llegar a abonar al parquímetro pagan los mismos $538 pesos que he pagado. No he tenido tiempo de indagar sobre ejemplos de flexibilidad o un criterio de costos de penalización, según los minutos excedidos que pudiera ya haber sido aplicado en algún lugar y sus resultados, pero se me hace lógico suponer que quien infringe o descuida 2 minutos extras no sea penalizado como quien lo hace 2 horas por el mismo costo (que en un caso seria excesivamente costoso y pudiera deberse a un descuido o un franco impedimento). Hay un caso de un amigo foráneo -como yo- donde no se pudo ubicar el parquímetro y él dedujo que era zona libre, 30 minutos después estaba el inmovilizador y he de decir que en algunas zonas de la Cuauhtemoc si son difíciles de localizar o no estan para nada señalizados los equipos de pago entre árboles, postes y lonas de los establecimientos. A veces bajo ciertos casos, da la impresión que una de las finalidades fuese lucrar, tanto con la renta del pero más con la penalización ley en mano en favor del único concesionario, más cuando no se informa en lo absoluto en donde se aplicaron los recursos obtenidos.
    Como en cualquier establecimiento comercial, cuando la cantidad del servicio requerido es mayor el precio disminuye, considero que después de cierto tiempo la tarifa debería ser menor, sobretodo porque quien supere las 6 horas en un cajón seguramente es por imprevisto, no es lo más común que alguien aparque bajo parquímetro 8 o 10 hrs diarias, por lo que no contravendría el objetivo del sistema.

    Otra cosa que no me ha gustado nada hoy, es que El auto de EcoPark use el espacio a su gusto y con todas las excepciones. En las 3 veces que lo vi estacionado: 1, cuando me habilitó el dispositivo estacionó en un cajón disponible sin hacer ningún pago, 2 cuando di una vuelta al banco (la hoja de multa no especificaba que en tal lugar no aceptaban tal tipo de tarjeta) vi el vehículo estacionado en doble fila con intermitentes por más de 5 min y 3 cuando finalmente regresó a quitar el inmovilizador estaciona mitad dentro de un cajón mitad fuera y en salida de un edificio, por supuesto sin pago; La oficial me dijo que tienen algo así como un permiso de excepción, el operador del vehículo me dijo que “si quería el se pondría el candado y se lo quitara en el mismo momento”. Si eco park tiene la concesión de ordenar (redituablemente) el espacio público, considero que se debería observar el no hacer congestionamientos mientras estacionados en doble fila mientras esperan indicaciones, o el no ocupar lugares que deben ser disponibles e incluso el pagar -al final, simbólicamente- por ellos, ya que como el resto de los ciudadanos en la zona, el estacionamiento es un costo que absorbemos al ir a trabajar, como ecopark en sus rondas. Por cierto sería más “eco” con otro tipo de vehículos en sus recorridos.

    Como un lector más o menos constante de sus artículos y un recién llegado a la ciudad me encantaría enviar esa invitación que ha mencionado, sería todo un privilegio y una cátedra, pero lo dejaré para una situación de mayor confrontación. Un saludo afectuoso.

  4. Gerardo Rodriguez // 24 abril 2014 en 9:22 pm // Responder

    Rodrigo te felicito por tu artículo pero todavía mas por la excelsa y bien fundada respuesta, sin estar obligado a ello, a tan pobres comentarios. Agradezco tu interés en el bien común de los ciudadanos del DF. Saludos!

  5. Reblogueó esto en SalvoLomasy comentado:
    La falta de autoridad y la flagrante omisión de la policía para hacer cumplir el reglamento en los aspectos fundamentales que propician una convivencia pacífica y segura para todos -respeto a límite de velocidad, no uso de teléfono al conducir, no estacionarse en lugar prohibido, ceder el paso al peatón/ciclista- induce al desorden, desacato e impunidad. Además de las fallas en la implementación, todas corregirles, el problema de los parquímetros está en la existencia de la policía de tránsito, inútil e irresponsable, que tenemos.

  6. Otro artículo bien fundado y bien expresado sobre el tema del pago debido por el uso privado y excluyente de un bien público. Felicidades por una respuesta respetuosa y contundente.

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