Ciudades de Lego y Play-Doh

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Un montón de piezas de Lego de distintos colores, unos cuantos botes de Play-Doh, papel, plumones, y todo lo que se tenga a la mano, que todos los materiales son bienvenidos. Tres equipos de nueve personas, una hora de trabajo en el marco del curso Líderes para la Planeación de Transporte Urbano organizado por el Banco Mundial y CTS EMBARQ México, que se llevó a cabo en Bogotá la semana pasada. De lo que se trata es de imaginar futuros urbanos posibles a partir de tres situaciones hipotéticas pero perfectamente reales (la llegada de una fábrica gigantesca a una ciudad intermedia, la construcción de un parque acuático en un pueblo de pescadores, la reconversión de un municipio donde la inmensa mayoría de sus habitantes habita en conjuntos de vivienda de interés social, cuando no en un asentamiento sin agua ni alcantarillado). Combinar usos de suelo, construcciones y redes de infraestructura, transporte y servicios en un todo más o menos integrado es el desafío.

Debo ser honesto y decir que no esperaba mucho del ejercicio, toda vez que era mi primera vez como facilitador del mismo, y el tiempo disponible se me hacía escaso. Antes de empezar tengo miedo que la gente se distraiga, que no se interese en jugar por un rato a ser el Dios de la ciudad. Para variar anduve errado.

Durante los siguientes sesenta minuto veo a poca gente whatsapeando, paisaje tristemente común en la mayoría de los talleres (ahora les gusta llamarle workshops, que son la misma cosa) en que he participado últimamente. Más bien abunda la apasionada discusión, la negociación entre los distintos actores, la búsqueda de consensos. Escenario ideal para mi rol de facilitador, que se limita a observar sin involucrarse demasiado. Sólo hay una arquitecta entre los participantes, donde abundan los administradores, ingenieros, economistas. Es lo mejor que pudo haber pasado, porque reforzó la idea de que el urbanismo es antes que nada una experiencia interdisciplinaria, que se nutre de diversas perspectivas perfectamente válidas. Aquí no hay respuestas correctas o incorrectas, sino modelos que pretenden ser coherentes con una visión de ciudad. El juego se desarrolla por su propia inercia, los participantes son capaces de acordar rápidamente sus propias reglas. De eso se trata: lo que importa no es tanto el resultado, sino el proceso que lleva a él (¡urbanismo zen!)

Tenemos poco tiempo, pero los tres modelos resultantes pueden ser discutidos por horas, y aquí sí que me quedo con gusto a poco. ¿Cómo financiar estas ciudades ideales? ¿Cómo hacerlas atractivas para la iniciativa privada sin desterrar a los habitantes originales? ¿Cómo hacer que la llegada de inversiones genere derrama que vaya más allá de lo económico? ¿Cómo estructurar un sistema de transporte público eficiente, integrado a la movilidad peatonal y ciclista, y que entienda al automóvil y la motocicleta como complementos? ¿Cuál es la densidad a la que hay que apuntar?

Vayan algunos pensamientos desparramados en el avión de vuelta:

  • Todos tenemos una ciudad en la cabeza, en el corazón, en el estómago; sólo se necesita un poco de estímulo para que vea la luz. No se necesita ser arquitecto o urbanista para plasmar lugares con un enorme potencial. Jugando la mente se libera; la mano ídem.
  • Quizás no pensamos mejores ciudades porque nos ponemos demasiados pies forzados frente a la hoja en blanco. Por cuenta propia decidí liberar el juego de la gran mayoría de sus reglas originales. Prohibí las preguntas y fomenté la toma de decisiones sobre la marcha. Creo que esto ayudó a desinhibir pensamientos, a soltar la mano, y a forzar la búsqueda de acuerdos.
  • Las Leyes de Indias están más vigentes que nunca: la creación de una cuadrícula resultó ser el acto fundacional por excelencia. Los tres grupos recurren a ella. Las opiniones se dividen entre quienes la amamos (ahí están Nueva York, Barcelona, los centros históricos de Latinoamérica) y aquéllos que ven en ella fuente de aburrimiento infinito. ¿Qué pasó que la olvidamos en nuestros suburbios distantes, dispersos y desconectados?
  • Cuando se trata de jugar con Legos y plastilina, predomina el discurso políticamente correcto por sobre la cruda realidad del mercado de suelo. Así, dos de los tres equipos dejaron despejadas de construcciones residenciales sus zonas más apetecibles desde el punto de vista inmobiliario (el borde costero, la ribera de un río). Al menos en este grupo se instala la idea de que alta densidad es difícilmente compatible con espacios públicos de calidad, de que la edificación en sitios de alto valor paisajístico significa su inmediata privatización. Los modelos que se tienen en mente ayudan a reafirmar esta impresión firmemente arraigada, que finalmente no es para nada gratuita.
  • Los usos mixtos salen solos, no es necesario mencionar la importancia del tema. Eso sí, la figura del comercio local de barrio convive con grandes centros comerciales ubicados a pasos del centro de la ciudad (curioso que a veces se le reserven ubicaciones en zonas donde el discurso privilegia el tránsito a pie y en bicicleta). En la vida real, y puestos uno al lado del otro, el gran centro tiende a fagocitarse a la tienda de la esquina.
  • En las ciudades de fantasía no existen los suburbios, aunque alguien los menciona como opción válida, e incluso deseable, para los sectores de altos recursos que llegan a la ciudad.

Alguien decía que lo mejor de hacer ciudades con Lego es la tranquilidad de saber que nunca se van a construir. Es cierto, como también lo es que la creación de modelos ideales –que además son participativos- es una gran herramienta para la generación de todo tipo de instrumentos urbanos, desde una ley de desarrollo urbano hasta un plan parcial. Una vez que salen de escena los bloques de Lego y el Play-Doh entran en acción la regla y la calculadora. Después de crear hay que medir y financiar. Ambas instancias no son antagónicas, más bien complementarias. La fluida interacción entre ambas es la que produce las ciudades que nos gustan.

¿Ha leído alguna vez una ley o reglamento estatal de fraccionamientos en México? Si lo hace, se dará cuenta que son documentos sin imagen de ciudad; no se sabe bien qué pretenden ni para dónde apuntan. Vagos, genéricos, no conocen la tercera dimensión, con suerte la segunda. Sus autores nunca dibujaron lo que querían, nunca jugaron con Lego ni Play-Doh para plasmar el modelo de ciudad buscado. Cualquiera puede hacerlo, ésa es la gracia. Y es que el desarrollo urbano disminuido a un acto meramente administrativo difícilmente se traduce en ciudades que representen las aspiraciones de sus habitantes. Urbes de burocracia para burócratas que creen que el uso de la imaginación es una soberana pérdida de tiempo.

Palabras al cierre

Al César lo que es del César, y al juguete lo que es del juguete. En el desarrollo del kit y el juego mi intervención fue nula. El mérito es del equipo de Desarrollo Urbano y Accesibilidad de CTS EMBARQ México, que es donde trabajo. Vaya entonces el reconocimiento a Claudio Sarmiento, Tanya Jiménez, Erika Kulpa, Julie Clerc, Ricardo Fernández y Alejandra Reyes, quienes de una u otra forma, y en distintas fases del proceso, le dieron vida (si alguien se me va, que me disculpe).

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1 Comentario en Ciudades de Lego y Play-Doh

  1. Reblogueó esto en SalvoLomasy comentado:
    El urbanismo es una disciplina tan importante, y sus efecos tan duraderos que NO debe dejarse en manos de los urbanistas, mal llamados ‘expertos’. Es algo en lo que debe participar activa e intensamente la comunidad

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