París nos llena de luz y de esperanza

cop21

Por Darío Hidalgo (@dhidalgo65)*

En medio de una gran euforia, 196 naciones asistentes a la sesión final de la Conferencia de las Partes COP21 acordaron por unanimidad el Acuerdo de París. El eco se escuchó en todo el mundo: las agencias de noticias, las cadenas de televisión, los periódicos y las redes sociales nos mostraron imágenes de gran felicidad, del Presidente Hollande de Francia, del presidente de la Conferencia, de la secretaria general Cristina Figueres, y de múltiples asistentes que celebraron por fin un acuerdo global vinculante.

¿Porque tan contentos? Porque tal acuerdo era complicadísimo: las naciones industrializadas tienen serios problemas para reducir sus emisiones, las naciones emergentes no queremos sacrificar nuestro desarrollo, los países insulares piden ayuda y compensación, los países petroleros y carboneros no están listos para una transición, y así. Con todo y ello, el ansiado acuerdo se logró.

A China le parece “equilibrado y justo, completo y con altas ambiciones” pero “imperfecto”. Un acuerdo humano para la humanidad. Estados Unidos lo considera “un camino inteligente, responsable al futuro”. India resalta la inclusión de “justicia climática”. El Presidente de Colombia indica que el acuerdo “nos permitirá continuar estrategias para combatir cambio climático y llegar a la meta de reducción de emisiones”, y así, frases de triunfo y deber cumplido.

Mirando el acuerdo en sí mismo, vale la pena decir que es un texto pesado, digno producto de la diplomacia internacional, lleno de consideraciones, bienvenidas, reconocimientos, acuerdos, invitaciones, anotaciones, reiteraciones, etc., etc. que ocupan 31 páginas de jerga de las Naciones Unidas. Varios especialistas ya han generado sesudos análisis. Entre muchas frases de 140 caracteres recojo la siguiente: “En comparación de lo que pudo ser, es un milagro. En comparación de lo que debería ser, es un desastre” por George Monbiot, The Guardian. El profesor y exministro Manuel Rodriguez, también explica la euforia en los múltiples fracasos anteriores (20 años), especialmente el de hace 6 años en Copenhague.

¿Si nos cambiara la vida y la economía? De eso se trata, que le demos vuelta al patrón de desarrollo insostenible en el que estamos, cambiemos patrones de consumo, nos desfosilicemos (algún día). Pero el camino es largo, culebrero y minado. La ambición es grande: menos de dos grados de aumento de temperatura global comparada con los niveles preindustriales. Los mecanismos todos por definir: registro de compromisos de mitigación, monitoreo, financiación, adaptación, desarrollo y transferencia de tecnología, creación de capacidad, transparencia y apoyo, facilitación, cumplimiento, etc.  Mucho, mucho trabajo para la burocracia internacional, las ONG, los centros de pensamiento e investigación. Muchas, muchas millas de vuelo para seguir luchando por el cambio climático.

Pero París nos llena de luz y de esperanza. No hay planeta B si no avanzamos de manera efectiva y solidaria.

*Asiduo colaborador de este medio, el Dr. Darío Hidalgo es Investigador en Transporte del Centro WRI Ross para Ciudades Sostenibles

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