Elogio de la bicicleta pública, por Leonardo DiCaprio

Finalmente van a dejar tranquilo al bueno de Leo. Ya tiene un Oscar en la casa, por fin ganó un certificado metálico que dice que es un actor por sobre la media de sus colegas. Ya no tiene que demostrarle nada a nadie. Respira tranquilo, puede dedicarse su mente, cuerpo y alma a lo que en este momento ocupa su cabeza, que aparte de la actuación es el cambio climático, porque al bueno de Leo le preocupa de verdad el tema, se maneja bien en él, con datos y cifras, y por eso no desaprovecha ocasión que se le presenta para poner los problemas globales en su boca, tal como, estatuilla en mano, hizo ayer.

Leo DiCaprio

¿Será su preocupación por el cambio climático lo que explica su afición por andar en bicicleta en la ciudad? No lo tengo claro, pero probablemente sea una de las razones que lo motivan a pedalear. Porque Leo anda en bici, y harto. Es cierto, no es la única celebridad que lo hace, pero lo que convierte a Leo en un tipo especial es que su pedaleo por las calles de Nueva York es en bicicleta pública. Sí, una súper estrella que tiene todo el dinero del mundo para moverse en automóviles de lujo, que puede elegir modelo y color para que combinen con su ropa, estado de ánimo o las nubes del cielo, que tiene los medios para pagar un ejército de choferes, prefiere andar en una bici que cualquier ciudadano con una tarjeta de crédito y unos pocos dólares puede utilizar.

Puede que el cambio climático inspire a Leo a preferir las bicis azules de Citibike, pero algo me dice que sus razones son mucho más sencillas. Y es que los beneficios del sistema no son pocos. Para desplazamientos cortos, de menos de 4 kilómetros (o 15 minutos de pedaleo) es ideal, sobre todo en zonas de alta aglomeración de actividades, que por esta misma razón generalmente padecen un tráfico a nivel de superficie que puede ser exasperantemente lento, tal como ocurre en Manhattan. Si la red de bicicletas públicas es suficientemente densa, es muy probable que el traslado desde y hacia los puntos de origen y destino sea breve; en otras palabras, que siempre haya una estación cerca de los restaurantes donde a Leo le gusta comer, o de las tiendas donde compra los anteojos, camisetas y shorts que usualmente ocupa para pedalear. Si a esto se suma un servicio de reposición eficiente, siempre habrá una bicicleta esperando a Leo en su lugar de origen y un estacionamiento vacío en su lugar de destino. Finalmente, la construcción de una red de ciclovías segura y funcional claramente hará aparecer a la bici pública como una opción más que atractiva para moverse en ciudades altamente congestionadas. Todo por unos pocos dólares, sin tener que preocuparse de que algún amigo de lo ajeno quiera llevarse para la casa la bicicleta de Leo (a lo sumo va poder presumir que puso sus asentaderas en el mismo lugar que las de un ganador de un Oscar).

Alguien dirá que el sistema discrimina a los pobres, que por qué sólo está disponible donde hay tiendas y restaurantes caros, y no donde vive la gente de escasos recursos. La respuesta es muy sencilla: las bicicletas públicas funcionan bien en lugares donde hay alta concentración de todo tipo de actividades, que por esta razón son caros. Para que una bici pública justifique su existencia, necesita una alta rotación de uso a lo largo de todo el día (digamos un mínimo de seis viajes por bici diarios), cosa que difícilmente se logra en barrios residenciales, donde hay picos y valles de uso demasiado marcados. Es por eso que a medida que nos alejamos de los lugares de concentración de actividades, resulta más lógico fomentar la bicicleta privada a través de buena infraestructura para la circulación y el estacionamiento.

Me cae bien Leo. Lo suyo no es algo de un día convenientemente capturado por los paparazzi. En la red hay cientos de fotos, tomadas en distintos días, en que se le ve despreocupado arriba de su Citibike. Qué bueno que ahora va a pedalear más tranquilo, sin que nadie lo importune con el tonto cuento del Oscar.

Palabras al cierre

Si trabajara para Televisa, no habría estación con suficientes bicis para los guaruras.

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