Aquí desapareció una autopista (y hoy nadie la echa de menos)

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Embarcadero Freeway, San Francisco, 1960 aprox.

Never let a good crisis got to waste”, que viene a ser algo así como nunca desaproveche una buena crisis. El mito dice que la frase es de Winston Churchill, aunque nadie ha sido capaz de encontrar el contexto en que fue pronunciada. Da lo mismo.

Puede que nunca haya salido de sus labios, pero el ex alcalde de San Francisco Art Agnos la hizo suya después del terremoto que azotó la bahía el 17 de octubre de 1989, minutos antes del lanzamiento inicial del tercer juego la histórica serie mundial que enfrentó a los dos equipos locales, los San Francisco Giants y los Athletics de Oakland. Fueron sólo 7.1 grados en la escala de Richter, una pequeña sacudida para los estándares chilenos de quien escribe estas líneas, pero suficientes para dejar un trágico saldo de 63 víctimas fatales y dejar inutilizada gran parte de la infraestructura de la metrópoli, entre ella los casi dos kilómetros de la Embarcadero Freeway, una autopista construida frente al borde costero de San Francisco que en sus buenos años vio el paso de unos cien mil vehículos diarios en sus dos niveles de pavimento.

Un par de años antes el Board of Supervisors de la ciudad (algo así como el concejo municipal), con el firme respaldo del alcalde, sometió a consulta la demolición de la mole de concreto levantada en 1958, una época en que la construcción de grandes autopistas urbanas era considerada un eje fundamental de lo que se suponía era el urbanismo de avanzada. Aunque la Embarcadero Freeway separaba a la ciudad de su borde costero, tapaba la vista del histórico edificio del Ferry, e impedía el desarrollo de una zona con un potencial inmobiliario y turístico gigantesco, la ciudadanía rechazó la iniciativa alcaldicia por una abrumadora mayoría y decidió mantener la autopista. Eran tiempos en que el discurso de rescate de la calle, de los bordes costeros y de los centros históricos todavía no pegaba en los Estados Unidos, en que la única movilidad sustentable era aquella basada en un motor y volante propios, en que bien vistas las moles de concreto tenían hasta cierta belleza, que finalmente no deja de ser bonito mirar el mar desde las alturas mientras se maneja.

Never let a good crisis got to waste”. En medio de la crisis del terremoto Agnos vio la oportunidad. Ante la disyuntiva de reparar la autopista severamente dañada, proceso tan largo como caro, o simplemente botarla, se la jugó por la última alternativa. Los días posteriores al sismo le habían echado una mano al demostrar que el tráfico de la autopista se dispersaba en otras calles locales, que un 25% de la demanda de la antigua autopista sencillamente “desaparecía”, y que el tan temido colapso vial era más imaginario que real (la paradoja de Braess, explicada aquí, puede ayudar a entender en parte el fenómeno). En el lugar que dejaron sus sombras construyeron un paseo peatonal a lo largo de los muelles de la bahía. Años después, en la calle liberada de estructuras de concreto se implementaron carriles de circulación exclusiva para transporte público y bicicletas. Puro urbanismo caviar.

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Embarcadero, 2016. Imagen: Rodrigo Díaz

El tiempo le dio la razón a Agnos. El valor del suelo en el área subió hasta en un 300 por ciento, y las nuevas construcciones, lejos de dar la espalda al mar, tal como lo hacían cuando existía la autopista, hoy han creado un atractivo frente que es visitado por millones de personas cada año, que allí van a los museos, tiendas, restaurantes, o sencillamente a caminar disfrutando la vista de la bahía. El éxito inmobiliario de la demolición se tradujo en un aumento del 51 por ciento en la oferta de vivienda, acompañada de un incremento en un 23 por ciento en el número de trabajos en el área. Andar en automóvil por el sector en el día de hoy es lento, pero eso a nadie parece importarle, que la derrama económica y el simple placer de mirar el mar sin una estructura de concreto que lo tape valen el pequeño sacrificio.

Ganar – ganar para todos, salvo para el alcalde Agnos, que perdió la reelección antes que los beneficios de la demolición se hicieran visibles. La vida es así: los réditos de hacer buenas ciudades no siempre se cosechan a corto plazo. A modo de premio de consuelo, hoy una plaquita en el paseo peatonal recuerda su legado.

Palabras al cierre

La historia demuestra que las autopistas urbanas fracturan la ciudad, deterioran el espacio público, y no constituyen una solución efectiva de movilidad. Si las siguen construyendo es por el tremendo negocio que hay detrás de ellas.

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Embarcadero, 2016. Imagen: Rodrigo Díaz

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Embarcadero, 2016. Imagen: Rodrigo Díaz

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