La cebra arcoíris

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Paso de cebra en la esquina de Castro y la calle 18, San Francisco. Imagen: Rodrigo Díaz

La bandera del arcoíris flameó por primera vez en junio de 1978 en el festival del orgullo gay de San Francisco. En sus ocho colores, su creador Gilbert Baker quiso plasmar la diversidad de la comunidad LGBT.

El 27 de noviembre de ese año fue asesinado Harvey Milk, miembro de la junta de supervisores de San Francisco (algo así como el concejo municipal). Milk fue la primera persona declaradamente gay elegida democráticamente para ejercer un cargo público en Estados Unidos. Junto a él murió el alcalde George Moscone. Su agresor, el ex supervisor Dan White, se suicidaría 7 años después.

El asesinato de Milk produjo un súbito aumento de la demanda de banderas del arcoíris. Como muchas fábricas no manejaban el color rosa, sencillamente decidieron eliminarlo. La nueva bandera de siete colores fue aceptada a regañadientes por su creador, que no dudó en catalogar el modelo de “comercial”.

Entre 1973 y 1978 Harvey Milk tuvo su tienda de fotografía, residencia y oficina de campaña en el 573 – 575 de la calle Castro, entre las calles 18 y 19. Esta calle da su nombre al barrio que en los setenta se transformó en el epicentro del activismo gay en Estados Unidos. Son unas pocas manzanas, pero bastaron para articular y visibilizar un gigantesco movimiento social, político y cultural.

Los colores centrales de los cientos de banderas que comenzaron a ondear en las calles de Castro se confundían con el de los postes de los que colgaban. La solución pasó por sacar un color, lo que permitiría tener franjas más gruesas. El sacrificado fue el celeste. Hasta el día de hoy la bandera tiene seis colores. Gilbert Baker ha tratado de reintroducir el modelo original de ocho franjas, sin mayor éxito. La bandera no es de quien la diseña, sino del que se apropia de ella.

Antes que un barrio gay, Castro es un barrio. Antes que un enclave, Castro es una comunidad orgullosa de su identidad, abierta a compartir su cultura con quien quiera caminar sus calles. El paso de cebra de la esquina de Castro y la 18, a pasos de la casa – tienda de Milk, está pintado con los seis colores de la bandera del arcoíris, que se repiten dos veces. Las franjas en el pavimento, que datan de 2014, no sólo protegen al que cruza a pie, también le revelan parte de la identidad y patrimonio de la comunidad que allí vive, trabaja o hace su vida social. Mi hija de seis años las encuentra bonitas. Llega el momento de explicarle que el mundo no es en blanco y negro, y que esa diversidad es una de sus gracias. Mi hijo de dos de momento mira.

Un desequilibrado entra a una disco gay en Orlando y mata a 49 personas, y entre el horror y el espanto a mi cabeza vienen los versos de Bello barrio de Mauricio Redolés:

Aquí nadie discrimina a los negros porque todos somos negros

Aquí nadie discrimina a los obreros porque todos somos obreros

Aquí nadie discrimina a las mujeres porque todos somos mujeres

Aquí nadie discrimina a los chicanos porque todos somos chicanos

Aquí nadie discrimina a los comunistas porque todos somos comunistas

Aquí nadie discrimina a los chilenos porque todos somos chilenos

Aquí nadie discrimina a los cabros chicos porque todos somos cabros chicos

Aquí nadie discrimina a los rockeros porque todos somos rockeros

Aquí nadie discrimina a los punkies porque todos somos punkies

Aquí nadie discrimina a los mapuches porque todos somos mapuches

Aquí nadie discrimina a los hindúes porque todos somos hindúes

Ven a vivir esta fragilidad peligrosa de corromperse

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