Calles diseñadas para tomar café (coffee oriented streets)

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Calle diseñada para tomar café en París: las sillas miran hacia la calle, donde está el espectáculo. La entrada de Metro no es un problema, más bien  una oportunidad. Imagen: Rodrigo Díaz

Una de las gracias de tomar café sentado junto a una mesa en la calle es mirar a la gente pasar. De hecho, y a menos que el café sea extraordinariamente bueno, el gran atractivo de un expresso al aire libre es precisamente la oportunidad que nos brinda de hacer una pausa y contemplar el paisaje la ciudad y sus ciudadanos. Por eso los cafés parisinos tienen sus sillas mirando a la calle: no son espacios para la intimidad del cara a cara, sino para la charla tangencial de las miradas paralelas que se posan en un punto indefinido del horizonte urbano. En ellos el diálogo es tanto con quien comparte la mesa como con el resto de la ciudad.

Contar con calles diseñadas para tomar café (Coffe Oriented Streets dirá alguno por ahí) es algo relativamente sencillo. No se requiere un doctorado en el MIT ni grandes recursos financieros, sólo espacio suficiente para que se desarrollen tres tipos de uso en la acera: un área de concesión para que los restaurantes y cafés pongan sus mesas, un espacio de caminata amplio, sin obstáculos, debidamente separado de las mesas, y un área de transición adyacente a la calzada vehicular en la cual pueda instalarse mobiliario (bueno considerar biciestacionamientos), plantar árboles y colocar elementos verticales. Contrario a lo que piensan algunos, los cajones de estacionamiento pueden ser amigables con la experiencia del café, ya que su existencia crea una saludable barrera que aísla a consumidores y caminantes de los vehículos en movimiento (mientras más lento circulen estos, mejor). Una salida de Metro o una parada de buses también pueden abonar al espectáculo: mal que mal, allí se congrega gente, y la presencia de gente es la que nos distrae la mirada. Si en el barrio además hay una densidad constructiva adecuada, será altamente probable que ese café cuente con muchos potenciales clientes, lo que a su vez estimulará a otros cafés, restaurantes y comercios locales a instalarse en un lugar que de esa manera aumentará su atractivo comercial valiéndose de la infalible estrategia de atraer gente a pie.

El café es el café y sus circunstancias: la mitad del éxito lo pone el brebaje, la otra mitad el entorno en que se consume. Si la calle es buena, llegarán los cafés. Si los cafés son buenos, llegará más gente a la calle, así de simple: finalmente es la gente la que atrae a la gente. Si la vía es atractiva, es probable que la caminemos despacio o nos decidamos a realizar actividades estacionarias en ella. Estas últimas actividades, libres, espontáneas, son las que finalmente constituyen la unidad de medida del éxito social y comercial de una vía. ¿O a usted le gusta compartir un café junto a una autopista urbana?

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