Ganar la esquina (la batalla contra el titán del compás)

Bolívar 2

Esquina de Av. Hipólito Yrigoyen y Bolívar, Buenos Aires. La reducción del radio de giro permitió ganar un espacio público y una esquina segura.

El manoseado discurso dice que hay una carencia eternamente crónica de infraestructura vial, como si las ciudades debieran cumplir con una cantidad mínima de metros cuadrados de pavimento per cápita para satisfacer sus necesidades básicas de movilidad. El mismo discurso sostiene que una calle de calidad es aquella que facilita el desplazamiento rápido y fluido de la gran manada motorizada. Donde esta postura es más evidente es en los radios de giro viales, tradicionalmente diseñados para favorecer vueltas vehiculares rápidas en desmedro de los lentos usuarios de los cruces peatonales, extensos y peligrosos por esta misma amplitud de giro. Evitar el uso del freno parece ser la máxima que inspira a los titanes del compás y su geometría universalmente repetida en añejos manuales de diseño vial pensados para y por el homo automobilis.

Hasta que a algún hereje se le ocurre achicar el compás y disminuir el radio de giro. Para sorpresa de la vieja escuela, la hecatombe del tráfico no ocurre: es cierto, los automóviles ahora deben frenar para doblar, pero a cambio de esta reducción de velocidad, que finalmente no afecta en demasía sus tiempos de viaje, la gente de a pie gana cruces más cortos y seguros. Además, y como bonus track, la ciudad se hace de nuevo espacio público, que bien puede ser concesionado a un café o restaurant a cambio de recursos para su mantenimiento. Lo rápido, flexible y económico de la intervención permite que la geometría de la nueva solución pueda testearse continuamente, como una maqueta escala uno a uno en que la ciudad se da el gusto de evaluar y corregir in situ y sobre la marcha. Learning by doing que le llaman los gringos.

Quizás el más grande mérito de la escuela del urbanismo táctico ha sido el de desnudar con muy pocos elementos la falsedad de los postulados de la escuela de los compases gigantes del diseño vial. Macetas, pintura, sillas y mesas metálicas han bastado para, literalmente de la noche a la mañana, dar vuelta la tortilla del problema: no faltan calles, sino que sobran autos.

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