La expansión de lo público (o la valentía de mover la línea)

Libertad

Calle Libertad esquina Lavalle, Buenos Aires, noviembre de 2017. Imagen: Rodrigo Díaz

Plaza Lavalle 3

Calle Libertad esquina Lavalle, octubre de 2013. Imagen: Google Street View

Mover la línea es algo extremadamente fácil de proyectar y hacer. No se requiere contratar un starchitect para el diseño ni presupuestar grandes obras de ingeniería. Sólo existen dos dificultades: a) soñar que se puede hacer, y b) decidirse a hacerlo.

El acto de mover la línea física que separa lo motorizado de lo no motorizado, favoreciendo a este último mundo, no es tanto una decisión técnica como una profundamente política, que refleja una manera real de entender las prioridades en la ciudad. Es una decisión que valora más el caminar cómodo y relajado que la prisa vehicular, que entiende la calle como un espacio público y no como lugar de mero tránsito. Es una movida estratégica que promueve el comercio local y el desarrollo de actividades estacionarias en la acera, que son finalmente las que dan vida a una vía. En resumidas cuentas, es la dichosa pirámide de la movilidad materializada a lo ancho del perfil de la calle.

El acto de mover la línea no sólo multiplica los metros cuadrados de espacio público de una ciudad. También hace de las calles lugares más seguros, puesto que ayuda a reducir velocidades de circulación motorizada, ya sea por el angostamiento de los carriles (mientras más estrecho, menos profundidad alcanza el pie en el acelerador), o por la desaparición de espacio de adelantamiento. Lo más sorprendente: el tan temido aumento de la congestión no llega, ya que la creación de un ambiente menos amigable con el automóvil provoca que gran cantidad de viajes antiguamente realizados de esta manera ahora se lleven a cabo a pie, en bicicleta, en transporte público o en taxi, que si bien también es un auto, no anda dando vueltas en busca de estacionamiento.  A su vez, facilita la instalación de mobiliario urbano, postes y árboles en franjas de servicio que no obstruyen la circulación peatonal (sí, el ejemplo de la foto no es el mejor, pero es un asunto que se puede mejorar en el futuro).

El éxito de la redistribución de la calle ya lo han experimentado ciudades latinoamericanas como Santiago, Buenos Aires, Quito o Ciudad de México, aunque la solución ha quedado generalmente circunscrita a las zonas céntricas. Mover la línea en las periferias es el siguiente paso. Se puede partir con las calles locales, aquellas de bajo tráfico y con nombre de pájaros, que usualmente constituyen algo así como el 70% de la malla vial de una ciudad. Si en el centro, que atrae una gran cantidad de viajes, el modelo funciona, no hay obstáculo para poder adaptarlo y replicarlo más allá de sus fronteras.

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