Ubermotociclismo: sangre, sudor y piojos

Ubermoto

Servicio de uberMOTO en Ho Chi Minh City, Vietnam. Imagen: David Escalante

mototaxi

  1. m. Perú. Motocicleta de tres ruedas y con techo que se usa como medio de transporte popular para trechos cortos

Vamos ampliando geográficamente el uso del término, que ya lo he escuchado en varios países latinoamericanos aparte de Perú. También vayamos sacando una rueda y el techito a la definición de los muchachos de la RAE, que ya no es necesario que el vehículo de alquiler sea un triciclo con una clara separación física entre el conductor y el pasajero. En Cali, donde estuve hace un par de semanas, les llaman motorratones. Se paran en las esquinas, con un casco para quien conduce y otro libre para quien, pago mediante de una tarifa negociable de acuerdo a la distancia a recorrer, acepte subirse a la moto y agarrarse de lo que pueda para llegar a destino. Se supone que están prohibidos. Se supone. En la práctica, cuesta poco o nada encontrar uno disponible. Ni siquiera es necesario acudir a una esquina, que ya existen aplicaciones para pedir el servicio a domicilio. La mayoría de los pasajeros son hombres. Hombres, jóvenes y más bien pobres, pero no son pocas las mujeres que se aventuran con el servicio. Mujeres jóvenes y más bien pobres. De acuerdo a estimaciones de la Encuesta de Movilidad 2015, el 1.9% de los caleños utiliza de manera regular este modo irregular. El número aumenta año tras año. Las muertes también: unos 120 motociclistas mueren cada año en Cali. Si se consideran los kilómetros recorridos, la moto es por lejos el vehículo más peligroso de todos.

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Enjambre de motociclistas en Cali, Colombia. Imagen: Rodrigo Díaz

Si existe un nicho de viajes no atendido, o mal atendido, ahí aparecerá Uber para satisfacerlo. El servicio de motorratones colombianos se llama uberMOTO en ciudades asiáticas como Delhi, Bangalore, Dhaka, Ho Chi Minh City y Bangkok. Mototaxi con smoking, el sistema es exactamente el mismo, sólo cambia en algo la presentación de las motos y del casco que espera a cada usuario, que luce el flamante logo de la compañía de San Francisco en su exterior (supongo que no habrá mayores diferencias en los sudores, caspas y piojos contenidos en el interior). El nivel de responsabilidad del proveedor de la plataforma en caso de que el pasajero termine con los sesos esparcidos en el pavimento es el tradicional: este es un acuerdo entre privados, nosotros sólo proveemos una aplicación, lo sentimos mucho pero no tenemos nada que ver en esta historia. Más o menos lo mismo que en Cali.

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Motorratón esperando pasajero mientras otro inicia su carrera en pleno centro de Cali. Imagen: Rodrigo Díaz

¿Qué lleva a la proliferación de esta clase de servicios y a los usuarios a preferirlos? Es cosa de asomarse a las ciudades que los han visto nacer para comprobar que los altos niveles de congestión no hacen más que aumentar las virtudes de la moto. A la hora del trancón caleño es por lejos el modo más rápido (o si se quiere menos lento) disponible. No es sólo velocidad: gran parte de la población de escasos recursos vive en lugares de difícil acceso, donde abundan las calles estrechas, mal pavimentadas y con empinadas pendientes, todo un dolor de cabeza para los sistemas de transporte público, a cuyas unidades les resulta imposible ofrecer el servicio puerta a puerta brindado por los motorratones, que por si fuera poco resultan tremendamente económicos. Finalmente, el auge del mototaxismo también se explica por las precarias condiciones de empleo en que se encuentra gran parte de la población, que ve en estos servicios una manera fácil de generar un ingreso relativamente estable y bajo condiciones de total independencia (sé tu propio jefe es el gran gancho de Uber). Más allá de las apariencias, uberMOTO no es más que un traje de etiqueta para un modo que juega en la tercera división del transporte.

El ubermotociclismo es quizás el producto más evidente de la nula integración de políticas, programas y proyectos de desarrollo urbano y movilidad. UberMOTO y los motorratones se nutren de patrones de desarrollo urbano extendidos y fragmentados, de una débil planificación de los usos de suelo, de la inexistencia de directrices para el trazado vial, y de la carencia de políticas de vivienda orientadas a la población de menos ingresos. También de las débiles políticas de transporte urbano, eternamente enfocadas en dar cabida a más automóviles, y no en racionalizar su uso fomentando a la vez el transporte público, la caminata y la bicicleta.

Sí, presentan algunas ventajas para sus usuarios, pero los mototaxis son demasiado peligrosos como para fomentar su uso. La solución no pasa por reglamentarlos, sino por crear las condiciones para que no tengan cabida en la oferta de movilidad de una ciudad, lo que implica necesariamente la coordinación de políticas y programas de desarrollo urbano y transporte. Y es que UberMOTO o como se llame el servicio es sencillamente inaceptable en una ciudad que trata con algo parecido a respeto a sus ciudadanos.

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