La condena de ser peatón

* Artículo publicado con anterioridad en Pase Usted

Lo peor de los peatones del DF es la facilidad con que aceptan su condición de inferioridad. Tímidos en las esquinas, corren para cruzar la calle como pidiendo perdón, deshaciéndose en disculpas y reverencias por haber osado interrumpir el paso de los señores automovilistas. No es más digna la vida de los que se rebelan contra el sistema: usualmente protagonizan las portadas de periódicos sedientos de sangre derramada en el pavimento.

El transeúnte capitalino tiene razones de sobra para sentirse ciudadano de segunda clase. Aunque los viajes en automóvil constituyen sólo un tercio de los que se realizan en la ciudad, la mayor parte de las políticas de transporte urbano giran en torno a satisfacer sus demandas. Del presupuesto público ni hablar. La señal es contundente: el dueño de la ciudad es el que maneja en ella. Por eso hay algo de vergüenza en eso de ser peatón, situación asumida más bien como una etapa previa al estado superior de conductor. Más que una opción, caminar resulta una condena.

En países más ricos la situación es totalmente inversa. En Europa, donde hay más automóviles per capita que en México, la gente los ocupa mucho menos. Allí, para desplazarse en la ciudad sus habitantes prefieren caminar, pedalear o usar el transporte público, medios más razonables en urbes que han mantenido su escala humana a través de los siglos. El estado pone su parte: construye banquetas tan atractivas como seguras, elimina estacionamientos en superficie, establece vías urbanas de paga, y lejos de subsidiar la gasolina, la grava con fuertes impuestos. Allá el que goza del mayor estatus social es el peatón, visto como alguien sano y preocupado por el medio ambiente. Si hasta los norteamericanos están volviendo a un modelo de desarrollo urbano que privilegia la escala peatonal. ¿Cómo se combate la congestión en Nueva York? No levantando segundos pisos, sino haciendo peatonales vastos sectores de la ciudad, construyendo ciclovías e implementando corredores exclusivos para transporte público.

Las ciudades en México no resisten el actual modelo de desarrollo basado en las necesidades vehiculares. Fomentar la creación de una cultura peatonal es un paso fundamental para cambiar este modelo, y para ello se requiere no sólo la construcción de espacios más amables con la caminata, sino también el surgimiento de una nueva generación de transeúntes, consciente de sus derechos y orgullosa de defender un modo de desplazarse que es también un estilo de vida.

1 Comentario en La condena de ser peatón

  1. Tienes totalmente la razón!! una ciudad sustentable da prioridad al movimiento peatonal y de transporte publico. Me sorprende ver que en la mayoria de los automoviles en hora pico tienen solo un pasajero. Urge transformarnos en una ciudad sustentable !

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