Infraestructura vehicular disfrazada de espacio peatonal

La semana pasada Plataforma Urbana mostró el trabajo 7 talentosos y bien intencionados estudiantes del ITESO de Guadalajara (gente valiosa ha salido de allí), quienes con simples elementos de diseño intervinieron una pasarela peatonal frente a su universidad, un espacio infernal (la pasarela, no la universidad) continuamente evitado por gran parte de los peatones que se atreven a andar por el lugar. La idea era aumentar la cantidad de gente que cruza el puente, disminuyendo con ello el número de víctimas que inútilmente terminan sus días con los sesos desparramados en el pavimento situado cinco metros bajo él. De acuerdo a sus creadores, la iniciativa resultó un éxito total: después de la intervención, un 90 por ciento de los peatones prefirió ocupar la pasarela para cruzar la calle, cifra muy superior al miserable 30 por ciento que antes lo hacía.

Veo un solo problema en tan interesante propuesta: olvida que los puentes peatonales son estructuras pensadas para satisfacer las necesidades de los automóviles, no de los transeúntes. Cuando la ciudad ofrece un espacio infame a sus habitantes, estos tienen dos alternativas: cambiarlo o adaptarse a él. El proyecto de los estudiantes del ITESO claramente toma partido por la segunda estrategia: no solamente se induce a la gente a utilizar un espacio hostil; se espera que incluso lo agradezcan. El objetivo de la propuesta, detallado en el video subido a Youtube, lo dice claramente: “promover que el ciudadano se apropie del espacio que día a día transita, crear conciencia sobre lo que continuamente podemos hacer para vivir de manera mas segura y libre nuestro entorno.”¿Se puede hablar de apropiación del espacio cuando éste fue pensado y diseñado para arrinconar al que debiera ser el usuario preferencial de la calle? ¿Qué es eso de vivir de manera más segura y libre nuestro entorno? Después de todo, la libertad del peatón se acaba en el momento que se le obliga a utilizar un espacio que por naturaleza tiende a rechazar. Cosa más o menos parecida sucede con la seguridad: se cambia el peligro de morir atropellado por el peligro no menor de morir asaltado en la soledad de las alturas (atraviese de noche y sabrá a lo que me refiero). Ni hablar de los derechos más elementales de las personas que sufren algún grado de discapacidad: por más que exista una rampa, la aventura de subir y bajar uno de estos artefactos es un verdadero martirio para gente que ya tiene varios por el solo hecho de vivir en ciudades que jamás tomaron en cuenta sus necesidades.

El mensaje de la propuesta es el mismo que gustan de usar las autoridades que construyen este tipo de cosas: si hay muertes es por culpa es del peatón que no ocupa los puentes, cuando la actitud que hay que cambiar no es la del peatón, sino la del automovilista, y sobre todo la del orangután que planea y construye estructuras que con un poco de voluntad y sentido común perfectamente pueden ser reemplazadas por pasos a nivel de calle. Es cosa de poner los intereses de las personas por sobre los del automóvil y listo.

Palabras al cierre

No hay que tomarse las cosas tan a la tremenda. El objetivo de la tarea era demostrar que las conductas humanas pueden cambiar a través del diseño, y eso fue logrado plenamente. Ahora sólo falta ocupar ese inmenso talento en hacer de la ciudad un espacio más amable donde vivir.

1 Comentario en Infraestructura vehicular disfrazada de espacio peatonal

  1. No había visto tu nota. Se agradece tan claro análisis.

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