Primero dispare, después pregunte, estrategia de seguridad pública en Constituyentes

Imagen: Excelsior, 4 de julio de 2015

Imagen: Excelsior, 4 de julio de 2015

Habrá que confiar en la puntería del experto tirador, que tendrá que poner la bala sin dañar la integridad física de una víctima que siempre estará a escasos centímetros del victimario. Si el proyectil no impacta en ni uno de los directamente involucrados en el hecho delictual, perfectamente podrá hacerlo en quien está en el automóvil de adelante, o en el de al lado, que hasta los mejores francotiradores fallan cuando el blanco está en movimiento.

Habrá que confiar en que la mira telescópica (si es que la hay) esté debidamente calibrada.

Habrá que confiar en la capacidad de discriminación del experto tirador, que desde larga distancia y en cuestión de segundos tendrá que diferenciar entre un hecho delictual, una simple transacción comercial informal (digamos la venta de un chicle o cigarro), o una inocente consulta de un automovilista a una persona que cruza la calle en lugar no habilitado aprovechando el estado de estancamiento vehicular.

En resumidas cuentas, ahora en vez de una habrá dos armas apuntando a quienes circulen por la zona. El viejo Harry Callahan estaría en su salsa.

No faltará el que diga que el problema no es la delincuencia, sino la congestión vehicular, que hace que el atraco a un automovilista detenido en el tráfico sea pan comido para un asaltante medianamente avezado, y entonces propondrá la construcción de un segundo piso, o de un deprimido, o de un túnel, o todo a la vez, lo que decida el contratista español amigo de la casa. Eso acelerará las cosas por un rato, hasta que el tráfico vuelva a estancarse en un par de años, ocasión en que los señores delincuentes volverán desde las calles donde se trasladaron a continuar con su labor.

¿Usted se siente más seguro con esta imagen? Yo no. El sólo ver a alguien en un puente peatonal apuntando un arma larga a la calle me hace pensar que vivo en una ciudad donde la muerte está siempre esperando a la vuelta de la esquina. “Las armas las carga el diablo y las disparan los huevones”, solíamos decir en el Chile de Pinochet, años en que se estilaba disparar primero y preguntar después. Justicia al estilo del far west, los gatillos rápidos se traducen en muertes fáciles, donde el margen para abusos o equivocaciones policiales es tan amplio como para cuestionarse seriamente la medida. De momento, y mientras no haya un plan de combate a la delincuencia basado en el apego irrestricto a esa cosa nebulosa (al menos en la ciudad de México) que son los derechos humanos, no queda otra que cerrar los ojos, elevar una plegaria al cielo, y confiar en la puntería y capacidad de discernimiento del señor tirador de la policía.

Francotiradores

Palabras al cierre

El problema de los asaltos al interior del transporte público es que siempre han andado fallos a la prensa.

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